Breve Historia de Jesús de Nazaret

von: Francisco Jose Gomez Fernandez

Nowtilus - Tombooktu, 2010

ISBN: 9788497637060 , 256 Seiten

Format: ePUB

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Preis: 7,99 EUR

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Breve Historia de Jesús de Nazaret


 

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TESTIMONIOS ESCRITOS

JESÚS DE NAZARET, ¿SUJETO HISTÓRICO O PERSONAJE DE FICCIÓN?

Hacernos hoy la pregunta de si Jesús fue un personaje histórico, o si por el contrario fue fruto de la imaginación de un autor, parece absurdo y fuera de lugar. Sin embargo, y hasta hace no mucho, existió una corriente de investigación histórica que defendía que Jesús había sido una creación literaria, encaminada a difundir la fe en una nueva divinidad salvadora, lo suficientemente atractiva como para que arraigase entre la población una novedosa fe, elaborada por un peculiar grupo religioso. Los primeros investigadores en poner en duda la existencia real del Nazareno surgieron a finales del siglo XVIII y hasta principios del siglo XX sus planteamientos siguieron contando con seguidores. Su principal argumento se hallaba en las divergencias que, sobre la vida del carpintero de Nazaret, presentaban los cuatro evangelios1. Actualmente, la profusión de determinadas novelas sensacionalistas, y publicaciones de escaso rigor histórico, han reabierto el debate, hasta el punto de celebrarse en España un curso2 en el que la cuestión ha sido abordada por historiadores, y estudiosos de otras disciplinas, con el resultado ya probado y conocido: Jesús fue un personaje histórico3.

CERTEZAS SOBRE SU EXISTENCIA: LAS FUENTES LITERARIAS NO CRISTIANAS

La principal evidencia de la existencia real del personaje está en las diversas menciones que existen sobre el mismo en fuentes históricas de gran antigüedad totalmente ajenas al cristianismo. Estas referencias son escasas y breves, pero poseen gran valor pues históricamente son auténticas y muy significativas.

Entre los autores romanos encontramos algunas alusiones a Christus en una carta que el gobernador de Bitinia4, Cayo Plinio el Joven, dirigió a su emperador y amigo Trajano, en el año 111 (Epístola 1, 10, 96). En esta explicaba al soberano quienes eran los cristianos y pedía instrucciones sobre como actuar con ellos. Diez años más tarde era el historiador Suetonio (Vida de Claudio 25,4) el que hablaba de un tal Chrestus, adorado por algunos judíos en Roma. A inicios del siglo II el también historiador Tácito (Anales 15, 44) se refería a los cristianos y a su fundador con motivo de las medidas tomadas por Nerón, tras el incendio de la capital del imperio.

Barca del siglo I d.C. hallada, en el transcurso de una gran sequía, en el mar de Galilea. Popularmente se la conoce como La barca de Jesús.

En las fuentes judías encontramos dos testimonios especialmente reveladores, el primero de ellos procede del Talmud5, una recopilación tardía de las enseñanzas de los sabios de Israel:

En la víspera de la Pascua fue colgado Jeshu. Durante cuarenta días antes de que sucediera la ejecución, salió un heraldo y gritó: “Sale fuera para ser lapidado porque ha practicado la hechicería y ha incitado a Israel a la apostasía. Todo el que pueda alegar algo en su favor, que se presente y alegue algo por él”. Pero como nada se presentó a su favor, fue colgado la víspera de la Pascua. […]

El Talmud babilónico, Tratado Sanedrín 43ª

EL ROSTRO DE JESÚS

En el año 2001 la BBC produjo una serie documental de televisión titulada El Hijo de Dios. Esta producción centrada en la figura de Jesús contó con una novedad sorprendente. Usando calaveras judías del siglo I, a las que se las practicaba reconstrucciones del rostro por medio de ordenador, e imágenes de Cristo del siglo VI, la cadena británica anunció que había obtenido un retrato de Jesús, o cuando menos de la gente de su región, a la que debía parecerse.

La referencia histórica más conocida es el denominado Testimonium Flavianum, que se encuentra en la obra del historiador judío Flavio Josefo, publicada en los años 93-94 de nuestra era:

Por esta época vivió Jesús, un hombre excepcional, ya que llevaba a cabo cosas prodigiosas. Maestro de personas que estaban totalmente dispuestas a prestar buena acogida a las doctrinas de buena ley, conquista a muchos entre judíos e incluso entre los helenos. Este era el Cristo. Cuando, al ser denunciado por nuestros notables, Pilato lo condenó a la cruz; los que le habían dado su afecto al principio no dejaron de amarlo, ya que se les había aparecido al tercer día, viviendo de nuevo, tal como habían declarado los divinos profetas, así como otras mil maravillas a propósito de él. Todavía en nuestros días no se ha secado el linaje de los que por su causa reciben el nombre de cristianos.

Flavio Josefo, Antigüedades Judías

XVIII, 3,3; XX, 19, 1

Imagen que en el año 2001 la BBC señaló como un posible retrato de Jesús en la serie documental de televisión titulada El Hijo de Dios.

Hemos de decir que el pasaje citado ha sido objeto de múltiples estudios. Teniendo en cuenta que el autor no era cristiano, y que en el texto prácticamente se hace una profesión de fe, se ha concluido que recibió algunas interpolaciones de un seguidor de Jesús. Por el contrario, algunos investigadores creen que, dado que el párrafo aparece en los múltiples manuscritos que se conservan de la obra, que las variaciones entre los mismos son mínimas y no alteran el sentido del texto, y que el estilo literario es el de Josefo, la cita es verdadera. En todo caso se considera probado que, cuando menos, la referencia histórica a Jesús es auténtica.

Por tanto, el análisis de las diferentes fuentes escritas no cristianas, y próximas al siglo I de que disponemos, ha arrojado como resultado un puñado de frases en las que se cita la figura de Jesús. El origen independiente de los textos entre sí, la antigüedad de los mismos y el diferente tratamiento que hacen del tema, corroboran que el carpintero de Nazaret fue un personaje real.

LAS FUENTES LITERARIAS CRISTIANAS

EL PROCESO DE FORMACIÓN

Jesús no dejó escritos sobre su existencia o doctrina, la actividad preferente a lo largo de su vida pública fue la predicación. De igual modo la principal labor que encomendó a sus seguidores, en el momento de su despedida, fue que hicieran lo mismo que él había hecho: “Id, pues, y hacedme discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado” (Mateo 28, 19-20). Así los apóstoles fundamentalmente se dedicaron a anunciar a las gentes el mensaje de Jesús, con el fin de provocar en ellas la conversión al evangelio.

En sus años iniciales de andadura, la Iglesia primitiva no recogió por escrito ni hechos ni dichos de la vida de Jesús, pues lo que realmente apremiaba era la conversión. Los apóstoles y discípulos estaban convencidos de que la Parusía o segunda venida de Jesús, y con ella el fin de los tiempos, era inminente, tanto que ellos mismos la presenciarían en vida. Con el paso de los años, y la evidencia de los hechos, esta idea fue perdiendo fuerza entre los primeros cristianos, que además se encontraron con que los apóstoles habían ido muriendo, en su mayor parte a consecuencia del martirio. Además, el número de comunidades iba creciendo y dispersándose por el mundo, y a ellas se incorporaban gran número de personas que no habían conocido a Jesús o si quiera a alguno de sus discípulos directos. Se hizo entonces necesario recoger los hechos y dichos del maestro, antes de que las personas que habían escuchado los testimonios que de primera mano habían dado los doce, fallecieran también. Así comenzó el proceso de redacción de los evan gelios.

Primeramente por las diferentes comunidades circularon hojas volanderas en las que se habían recogido dichos de Jesús y algunos hechos que sintetizaban su doctrina. Estos se habían recopilado a partir de los recuerdos de aquellos que habían recibido su predicación directamente de los apóstoles, y aunque la tradición oral pueda parecernos hoy una fuente de información poco fiable, lo cierto es que en la antigüedad la memoria era el medio más común de aprendizaje. Ya en los siglos VI-V a.C., el autor Simónides de Ceos había escrito una obra titulada Arte de la Memoria, lo que denota la importancia que se daba a esta forma de conservar el saber. Igualmente, con siete años, los niños griegos comenzaban a...

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